domingo, 10 de agosto de 2014

Laberinto 39. Luna de agosto


In memoriam Rafa: 
tú, breve colibrí...

¿Por qué nos fascina la luna tan plena?
Barco de sueños que alberga suspiros velados
de improbables viajeros del tiempo
del viento y del hambre

A ratos con nubes y a ratos a solas
pasea majestuosa en los mares de arriba
con la sola esperanza de ser recobrada
por un hemisferio o el otro
con flechas de algún visionario

Y mi silencio se aferra de pronto
al ancla fresca de sus mares de luz
en la espuma y las olas fugaces
que llaman un amor a existencia

¿Por qué nos fascina la luna tan plena?
Porque arde en nosotros su rostro hasta el alba
y nos llama los sueños prestados
para ver si en el pecho se anida el recuerdo de sí
y alguna vez a buscarla llegamos 

martes, 8 de julio de 2014

Laberinto 38.13 Elegía de los rizos: Elegía final


§ 13. Elegía final, que completa el número perfecto de espirales del suspiro

13.1    Viva, la infinita cabellera que resguarda mis suspiros entre letras y silencios, saciará puntual la curiosa melodía de las preguntas esbozadas al perfume de estos rizos y cabellos ondulados que a su paso han abierto, perpetuado y concluido tramas singulares en el telar de mi existencia. Música de espirales áureas que resuenan infinitas se ha provisto para escoltar el discurrir de mis poemas entre sus ojos claroscuros impetuosos que nos muestran el pasado y el futuro de una vez y para siempre.

13.2    En catorce cabelleras se revelan mis motivos. En catorce ondulaciones he apartado los misterios y he guardado el sentimiento. Sepan cuantos leen estas andanzas espirales de la pluma, que el número real de inspiraciones de estas líneas en mi boca de asteriónica tendencia llega a parecerse al infinito. Sepan asimismo que a partir de ahora el mundo habrá quedado traspasado por la esencia de esos rizos, que obedecen para siempre aquel arcano mandamiento del amor, de la vida y del olvido.

13.3    Yo no puedo prometer nada más por fuerza de estas letras. Tan sólo que, llegado el momento, si alguna vez las lágrimas descienden por los rostros suaves que acompañan los cabellos, cuando hayan perdido aquello que no es en modo alguno reemplazable, aprenderé de los errores cometidos e intentaré atrapar una furtiva sonrisa de sus rizos con canciones, con razones, con verdades. Sólo puedo prometer que, si es aún posible para mí crear sonido, habrá un manto de palabras que rompa el silencio de sus rizos al caer entre los cielos.


martes, 1 de julio de 2014

Laberinto 38.12 Elegía de los rizos: Elegía décimo segunda


§ 12. De la ciencia que se esconde en los cabellos ondulados
Para Mariana

12.1Vespertina, tu figura desvanece los ocasos. Al pasar el bullicio inicial de los atrios ancestrales, se acomoda fugitiva en el ensueño y esa miel que te emana de los ojos cristaliza en lis de ciencia y arte y luz la fascinación creadora de los sabios. Allí donde los cielos olvidaran el color de su afición y la tierra adoptase el azul caído hasta la aurora, has inventado la paz que te persigue, que nos evade, que los creó perfectos para el tiempo del olvido.

12.2 Ocre es la luz que te ha cubierto en mi recuerdo; pero aquel sol de los danzantes no suele acotar sus pasos hasta ti. En cambio, una elipse interrumpida que entorpece mediciones sacará a la luz verdades manifiestas sobre el cuerpo, desde el aire y con la voz de los señeros siglos que preceden y establecen fundamentos a la ciencia de acercarnos otra vez. Entre el cálculo y la rima que nutre a tu hermosa descendencia vagarán estos fantasmas de palabras extranjeras hasta mí.

12.3 Por eso he de recurrir a la espiral de tus cabellos, acotada en mis palabras, atisbada en estos versos que se acabarán bien pronto, más allá del espectro de tus rizos y la grave proporción de los sonidos que te nutren. Por eso la voluntad de no perderte por completo me persigue entre sombras largas del ocaso y acumulo estrellas mientras pienso que en otro tiempo el polvo de la luna nutrió todas las cosas buenas nacidas de nuestro vínculo en la voz.

12.4 Así que espera un poco más, y el resplandor de una sonrisa alcanzará tus soledades. Tal como a mí me ha sorprendido el discurrir de tus cabellos sobre el tiempo en que las hojas reverdecen. Aquel lugar donde te encuentras tendrá por siempre la mejor visión del infinito que es en el oscuro de las ondas de tu espacio, y no sabremos cuánto más nos nutrirá con sus compuestos pero de algo estoy seguro: que tu misterio no será encubierto por la ciencia.

12.5 Veremos el milagro de tu brillo con la esencia de los cálculos ocultos que nos deja la memoria. En los doctores que recitan desde el frío en sus corazones oiremos los conjuros como fórmulas infames e incompletas de la vida y el sublime natural pero sin alma en sus cabellos, y tendrás que hacerles ver que no sólo en grados o de libros vive el hombre sino de toda vida que produce la belleza y de todo ruido que produce la alegría de un nuevo ser.

12.6 Y con la voz en sintonía con el reverso de tus rizos, apagarás todas las dudas que nos quedan por vivir. Simplemente porque el beso escondido en tus cabellos se desata cuando esa luz de la razón se apaga y comienzan las horas del ensueño. Como si nadie hubiese visto que mis pasos se acercaban, me repito entre estos versos que el camino me ha alejado; pero lo cierto es que se queda este recuerdo junto a mí. 

jueves, 5 de junio de 2014

Laberinto 38.11 Elegía de los rizos: Elegía décimo primera


§ 11. De la naturaleza elusiva de las cabelleras ondulantes y los vuelos que provocan
Para Vale F., esta última vez

11.1Blanca es la ventana de tu cuerpo. Y su puerta, rojo carmesí de acicalados labios, en ternuras infinitas me atraviesan mente y corazón al sonido de la flecha de tu voz. Pero este ciervo no baja la osamenta hasta que nota el mineral destello en tu corona, y el tiempo pasa y se acomoda entre un espasmo, y el brote cruel de tu cabellera esquiva me sorprende. Ya que absorbes toda luz ante tu paso, no queda más que mirarte en un arrullo. ¡Cómo quisiera que estas astas fuesen alas! ¡Cómo quisiera despojarme de mí mismo entre tus vuelos!

11.2 Moribundo, espero un protector. Pero el conjuro entre mis labios se ha formado como pluma. Y es entonces cuando sueño que no me convertí en Canek, la serpiente de obsidiana, sino que mantuve mis colores en el cielo junto a tus vuelos. Me pregunto si aún estás dispuesta a recibir esa última caricia de mis manos o mis letras (que se confunden a sí mismas en su andar entre piedades y profanos universos que se engendran en el paso de los días). Esa última caricia que poco antes de caer te prometí.

11.3 Sirena del aire, ¿y tus alas? No te las concedieron los hombres, quienes sólo quieren el control. Pero aún es primavera por aquí y el artilugio de tu nombre me presta, como en astucia, las alas de cera de otro prístino insensato que se atrevió a volar cerca de ti. Sirena del aire, ¿te alejas? No sabremos más de ti sino la estela de nubes que rasgas. Y si aún es primavera por aquí, nos llegará en el viento el eco de tu risa en libertad.

11.4 Si la palabra se dispersa tras tu escape, no será lo definitivo en tus oídos. Mas si llegase a volverse permanente en tu memoria, se volvería lo definitivo en tus ojos. Más nítido que tus rizos que pasan, más tangible que tus caminos desandados, más verás que nuestros ires y venires con los años. Lo definitivo en tus manos será lo transparente de mis textos a tus labios. Aunque no pueda asirte porque eres aire que pasa y que viene y se va entre días de sol y de tormenta.

11.5En tu cabello encuentro el brillo que le falta a los misterios de mis días y mis silencios. Ahí, escondido entre el espacio de sus ondas se agazapa mi deseo. Y la vida se me va en imaginar cómo sacarlo de ahí sin perturbarte los sueños. Sé que soltarás amarras pronto; sé que debo apresurar mis maniobras. Pues percibo que el invierno apenas ha podido desnudar tu corazón de toda calidez, y en las alturas, donde habitas, se reviste del afecto que, entrañable, clama todavía a los vientos escondidos. Se recubre de otros viajes que muy pronto abarcarás.

11.6Déjame escribir una vez más para el espacio de tus rizos, que se dibujan en jirones por el cielo cuando pasas navegando entre tus naves. Mira que el ocaso no ha llegado y aún nos brilla el mediodía entre los ojos, en los labios y en los corazones. Y si no, por lo menos déjame escribir por última vez el transcurso de tus vuelos. Más tarde, quizás, olvidarás de memoria mis andanzas hacia ti; más tarde, quizás, el espacio sideral y el astronauta te cautiven, más cercanos a tu estirpe de cósmica tormenta, universal y etérea.