lunes, 21 de abril de 2014

Laberinto 38.9 Elegía de los rizos: Novena Elegía


§ 9. De la fuga, y el espacio que se escapa en cada rizo
para Meri, para Rubí

9.1 Fue entre el fuego y la materia que encontré tus pasos en mis ruinas circulares. Mirada fija en el ocaso de mi vida, descubriste que el poder de tus palabras y tus rizos me alejaba de la muerte. Pero no fue hasta la luna que llegaron nuestros viajes. Esa que nos dijo que alcanzaba a transformarte en una mítica morada de matices pasajeros. Entonces un minuto de silencio hizo siete peripecias disfrazadas y acabó la paz de trasladarnos hasta el mundo de ilusiones que operaba entre los sueños.

9.2 Los rodillos espirales que transportan la abismal escena ante tus ojos se despliegan a kilómetros del suelo y, como lluvia de las selvas, se enmaraña tu cabello en mi suspiro. A tu vuelta ya no serás la misma, ni yo expiaré el destino en solitario. Quisiera saber si los lobos beberán las aguas de este mismo río que nos separa. O si el mínimo color de la espesura salvará distancias entre tus rizos y mis manos. ¿Logrará, aun con la ruptura, mantener resonando los tambores?

9.3 Conocí en tu cabellera un espacio para el arte de la fuga. Música prefigurada por el más iluminado de los arcaicos maestros alemanes, mi experiencia de tus rizos se convierte en tres extractos de armonía que configuran un espacio sin fronteras. Circulares melodías, que nos envuelven, contrapuntean con el silencio del pasado que hubiera querido atarnos al abismo pero no pudo controlarnos, y en el sueño vespertino de los crescendos espirales se renuevan nuestras fuerzas.

9.4 Damos espacio a la palabra como quien se pasa los días pensando una respuesta. Y el argumento preferido es recuento del escape hacia los pámpanos de una felicidad efímera que se cuelgan sobre espacios diferentes al que nos hizo comprender nuestros caminos. Mudar la naturaleza en la ficción no ha sido nunca suficiente para comprender el motivo en tus cabellos. Pero sigo el recorrido en espiral de esos sarmientos desde lejos, y en el valle que los guarda espero atento por sus ecos. 

9.5 Apenas reconozco tus cascadas, después de tanto divagar entre las sombras. Incluso en la primera luna roja, serpenteante melodía de tus cabellos me ha llamado, y bajo el claro del satélite aguardaré hasta que aparezcas; no sé si convertida en otro ser más desafiante y claro, no sé si transformada en terrible vendaval de madrugada. Sólo atino a comprender que es tu estela una señal de esperanza combativa en medio de mi escape hacia los cielos

9.6 Y, si en el momento en el que dan las campanadas, sucediera la locura insospechada de encontrarte, no marcharé con gallardía hasta tu espacio, sino en sigilo y con cautela para no encrespar de nuevo la sutil filigrana de tus rizos. En aquel momento cortaré por todo atajo y hasta el campo de lo nuevo llegaré con otra voz, con otros ojos, con otra máscara de selva que ya no será mía sino de ti emanada para cubrir el imperfecto discurrir de nuestros pasos. 

viernes, 11 de abril de 2014

Laberinto 38.8 Elegía de los rizos: Octava Elegía


§ 8. Del orden y la economía de las cabelleras
Para Samy

8.1   Nunca volarán las mariposas en perfectas líneas rectas. Porque el cielo quiso preservarlas de las aves, en el aire trazarán la línea de los rizos, y las bellas, extendiendo sus motivos al recuerdo, cambiarán sus posiciones hasta el íntimo designio. Inquilinas de las flores, peregrinan por el viento como frágil filamento de armonía policromada. En vaivén con los colores me aseguro de cantarte un nuevo cuento que revele el insólito precepto de tus rizos, a quienes no pudieron oprimir los sequedales.

8.2  Modelada en tu cabello, apretada por sus ondas, la ficción que se desgaja de mis manos corresponde al balance de tus pasos, aunque bien transfigurados en perfumes y aleteos. Muerde la paz aquel recuerdo anejo a la maravilla alada que te dio la luz y más temprano que nosotros emprendió su viaje al hasta siempre. En el infinito espacio de los números acabará de anidar esas virtudes que te acompañan desde el vientre de la rosa. Y no habrá valor que los supere, salvo el pacto de la vida que te ha dado el viento que te mueve.

8.3  Pasas dulce y generosa por el campo que me han dado a resguardar con la palabra, y en tu vuelo reconozco la ternura de tu especie enaltecida. No cesarán tus vuelos entre flores ni acabarán tus cantos en sordina misteriosa. Y aunque se enrede la palabra en un minuto de cabeza, más vale mirar entre tus rizos para conocer la cercanía de la leyenda, dilucidar la sensación de los balances, y escudriñar el poder de las mil conmutaciones de los sueños imperecederos.

8.4  Cuento las ondas de tus rizos como gotas de un estanque. Aguas tersas que se expanden como voces son los números que enfrentas a los tiempos y el espacio. Cuentas, además, los pasos que han dejado tras las horas los expertos. Y si fuese necesario llamarías a la existencia los arácnidos perdidos en un baile de cifras y resquicios. Sin embargo, nos persigue la sentencia postergada de algún preso en su finita hora y el detalle de la luz se vuelve opaco ante la estática del sol.

8.5  Dulces son tus alas, de morada maravilla que se esparce entre los pueblos. Llevan la paz de bienaventurada especie en sus caminos, y es así que viajarás hacia el oriente o hacia el norte en migración predestinada a colorear los mil senderos del extraño que, perdido en monocromías de grises programados, desvió sus rumbos al metal, al oro negro y al olvido. Habrás, en fin, de echar por tierra la sentencia que la muerte decretó para los presos. Serás la cifra del divino aliento decretada para vida de otros huesos.
    
8.6  Y si algún pronunciamiento atormentase mi recuerdo, no dejaré que se trasluzca entre mis letras pues me he despojado del espacio que te aleja. Aunque me faltó valor para cantar ciertas visiones; con el cambio de estación, queda segura, volará esta palabra en tu cabello. Quedará ordenado entre tus rizos el balance de la aurora, y tu luz vendrá a la vuelta en espiral de sumatorias como el viento que hace alarde de aquella libertad de la que eres portadora.

domingo, 6 de abril de 2014

Laberinto 38.7 Elegía de los rizos: Séptima Elegía


§ 7. Donde se cuenta la capacidad curativa de los capilares milagrosos
Para Gpe. A., treinta días antes del inicio de tu ciclo

7.1  La hermosa colisión de los planetas te creó perfecta y suave en la antigua Ciudad Blanca que fue hallada oculta entre los cerros cubiertos de añejas arboledas. Te tomó de donde nace el agua salutífera de mayo, bajo piedras huecas que se escapan con las gotas de humedad cuando el llano sufre los calores del estiaje. Quizás aún tu cabellera no acusaba las ondas que la pueblan en sus puntas, pero el brillo de la luna en tu mirada convenció a los amorosos de perpetuar tus alegrías.

7.2  Así tu viaje comenzó entre luna llena y la alborada. Cuando el ritmo de las olas, obedientes a la mística obstetricia decretada en armonía de las esferas, llamó al carácter natural de tu corpórea esencia hacia la vida afuera de la primer morada de los hombres. Y el carácter de tu voz, que adivinaba apenas la intangible senda del hipocrático decreto, se asentó en la imagen plata del conejo que alumbrara en cuerpo entero, con los ojos bien abiertos, tu inicial ondulación en esta esfera.

7.3  Te encontré, no por acaso, entre el divagar de los pasillos. Y mi palabra se quedó orbitando en una onda en tu cabello, mientras los soles de tus ojos la empujaban hacia atrás y hacia delante como estrellas gemelas de un sistema que no acepta lejanías. No sabía entonces que las ondas que escondías en tu coleta sanarían mis soledades de futuros. No sabía que al musitarle a tu cabello penetraría en el misterio de Galeno, que curaba con la luna, con el sol y con el alma asomada por los ojos.

7.4  Te imagino perfecta en los jardines bajo luz de luna llena; cuando el hijo racional de Hipócrates de Cos te dé anuencia para el brevísimo descanso. Te imagino alada, con tu cabellera suelta al viento de la noche; dejando atrás el milagro inesperado del rescate de los órganos y el misterio superado de la armonía de los humores. Te imagino suspirando la armonía perfecta entre tus labios, la música de corazones que habrán esperanzado a vida nueva tus labios firmes, tus bucles libres, tus ojos claros.

7.5  La incorpórea sabiduría de tus desvelos habrá de emancipar con música de serafines a los sanos. Misterios de onduladas correrías entre pasillos y salas y quirófanos a un tiempo amontonados, que semejan el avance de Quirón entre los vivos, y el triunfo del mítico centauro sobre la muerte, te mecerán con libertad entre las curas y remedios. Mira bien que no abandone tu cabello la simple suavidad con que ha nacido, la bella misteriosa esencia que me encanta entre sus ondas.

7.6  Tus manos serán material para leyenda. Y tu cabello, que simula los caminos de la vara de Asclepio, revolverá entre los sabios tratamientos para acusar la sanidad en otros cuerpos. Te cantaré mientras la luna crece, hasta llegar tan pronto como pueda a tu recuerdo. Te contaré las maravillas de tu oficio, que ha sido aún ser mí lectora. Te escribiré la fe de los poetas a ti que, con tus ojos, has venido a curar la soledad de mi escritura.

martes, 1 de abril de 2014

Laberinto 38.6 Elegía de los rizos: Sexta Elegía


§ 6. De por qué los pensamientos se revelan o rebelan en un rizo
Para Betti: joyeux anniversaire!

6.1  Con espléndida belleza te levantas entre un pueblo que, ignorante de los sabios del pasado, se sorprende en tu palabra. No aceptarás sus sinrazones a la razón que expresas como no admiten tus rizos la forma rectilínea del calor ni la simple alineación del vertical de los colores. Esculpirás, en cambio, las ideas con la gracia multiforme de los días de luz, de agua y vendaval. Y entre sombras apagadas por los libros del presente encontrarás caminos olvidados por los otros; caminos de agua y viento, de brillo y de penumbra, de risa y humedad.

6.2  Fatigas los rollos del texto sagrado –y la gran pila ardiente de argumentos profanos- en la búsqueda del Sabio que ha querido persistir oculto de los hombres; de aquellos inexpertos que no sabrían captar su esencia por completo. Por tu examen implacable han caído una vez y siete más en un tiempo y medio tiempo, extenuados, tus cabellos espirales sobre tomos afectados como piedras cabecera. Y los sueños que vinieron y vendrán de la escala de los cielos continúan revelándote la clave que ha quedado embrollada en tus cabellos.

6.3  Singular condición la de tu alma, que en la vigilia pregunta desconfiada por lo que en sueños le ha sido declarado. El pensamiento se estremece entonces por saber: si el sueño informe recogió sabiduría de lo más alto, ¿qué espantable suerte se ha robado la memoria revelada? Y la fatiga de los textos continúa, hasta que entiendas, con la dulce cabellera enmarañada, que la letra sola y los muchos libros matan, envanecen, producen un irremediable peso de dolor en nuestras almas.

6.4   ¿Y los sueños? Dicen otros hombres, falseadores de las voces de los sabios, que sería necesario dejarlos acunados en el éter porque no son verdaderos con lógica de instrumentos humanos. Pero la espiral en tus cabellos te ha dictado que, al crecer en sus revoluciones, habrás de regresar en busca del profeta; no ya para absorber entre tus rizos la palabra de ciencia y de la sabiduría, sino para hablarla desde el centro que dio origen, desde ti, a las mil y un concentraciones de su flujo.

6.5  Accederás al éter apacible a través de cuatro cuerdas. La del primer bajo en la diatónica escala marcará el camino de tus vuelos; y cuando el Sol, por un segundo movimiento de las crines, ilumine los senderos, anunciará el advenimiento de la escala: sí, Re-cueda entonces el sonido de los pasos; para llegar por fin al tono sexto que cante agudo los sueños conjurados. Modelada maravilla del murmullo es tu cabello de ritmos caribeños, esculpido con música de violonchelo entre sueños que se extienden a los duetos con guitarra y con voz del universo.

6.6  Entre sueños he rodeado tus rizos con mis manos. Mas la luz de la razón me va apartando de tu lado. No será la luz, es mi sospecha, sino oscuridad naciente en la distancia. Y sin embargo, he visto en tu cabello que el amor tiene catorce caminos multiformes: los de los ojos, los de las letras, los de los sabios, los de las aguas, los de las luces, los de tormentas, los de las aves. Mírame de nuevo en sueños. Mírame y quizás entonces vuelva yo a ser realidad.