martes, 11 de marzo de 2014

Laberinto 38.4 Elegía de los rizos: Cuarta Elegía


§ 4. De las vueltas que da la vida en una cabellera ensortijada
Para Gabby

4.1  El tiempo avanza en espirales al olvido. Si alguna vez la ciencia lo negara, exigiendo pruebas del principio irrefutable, yo ofrecería la visión certera de una cabellera ensortijada. En ella se guardan los secretos de la vida, del tiempo y del silencio. En ella se pierden los anhelos, las diatribas y el espacio. El mismo curso de su fugaz historia prevalecerá en el salón de la escritura. Lejana, intocable para estas manos; pero acariciada alguna vez con la mirada.

4.2  Hubo, al principio de la historia, antes de mis palabras de poeta, un espacio en que los rizos no venían en espirales definidas. Desparpajados, en madejas perpetuadas hasta el polvo, disimulaban la belleza de su centro con mil ideas en confusión atropellada, unas sobre otras, cuando el anhelo de otros tiempos más sencillos embargaba el pensamiento y no dejaba reposar sobre las horas a los ojos preparados solamente para hurgar en el pasado.

4.3  Así encontré alguna vez tu cabellera ensortijada. Se te enredaba en los sabores de aquella angelical ciudad que abandonaste por fuerza del destino y los dolores. Se enmadejaba en los reclamos de tus labios que acusaron a destiempo la dilución de las fortunas. Así me percaté del infinito enredo que puede hacer la desventura entre los rizos. En el momento en que solapa los espacios, y sus curvas se sorprenden entre sí con inestables estructuras figuradas por la angustia de las manos.

4.4  Pero el caos no soportará jamás el paso de las aguas. Y los ríos de lágrimas derramados en tu almohada ensancharon la constante agua de vida hasta que el torrente de certeza te abrigara por completo. De un lado a otro presagiaste la huida hacia el antiguo lugar de libertad, y tal vez lo lograste por un tiempo; pero los cielos saben mejor de la humedad que necesitan los rizos para ser, aunque vivan añorando los fríos secos de altiplano.

4.5  Cuatro caminos se tenderán desde un cabello perfumado. Yo me perdí, por cierto, buscando esos senderos. Y es que cuando el tiempo se enreda en curvilíneas cabelleras, la llama de la luz se vuelve tenue. No vendrá del norte la confianza; ni el sur abrigará cien madrigales matutinos. Pero del este zarparás hacia el empíreo; del oeste avanzarás hacia el ensueño.  Y de los días lejanos de la aridez de estepa quedará sólo el recuerdo.

4.6  Sucederá que siempre, entre los bucles trigueños, habrá una nueva razón para las vueltas. Marzo, en máscara de flor, despejará los fríos de tu febrero. Pero nunca seré yo quien te viera florecer. A mí sólo me esperan los sabores del olvido en monasterio de palabras. Sucederá que a veces, sin embargo, hasta el cabello dorado por los rayos del planeta llegaran los versos de suspiros favorables, nuevos como el estilo que pasa, viejos como los cedros de casa.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Laberinto 38.3 Elegía de los rizos: tercera elegía


§ 3.  Donde se da cuenta de la encarnada maravilla de las cabelleras de luz y de sus viajes a tierras extraordinarias
Para Abril

3.1  Millares de estrellas, con  Zephyros y el trueno, figuran imperfectas mímesis del discurrir de tus cabellos. Los anima, en gracia plena, la multitud de tus desvelos entre tierras; misterio de flor y nombre de enarengo, ¿te deslizas a occidente a la zaga  de otras voces?, ¿y aún regresas a levante colmada de gracia y de secretos? Volver a ver tus libertades sería por siempre ráfaga de sueños, y sin embargo sé que no dominará completamente un hermético distrito esos rizos coronados de luz de plata y gelatina.

3.2  Como no someterá el espacio a ninguna cabellera de ondas perfumadas, la sangre llama astuta al capilar lozano desde el agua que nos bebe; bebe y fluye entre los nombres perdidos de unos lagos que jamás te harán la mar. Y es que, máscara la risa, máscara la transparencia de tu piel; me conmueve siempre hasta el quebranto tu palidez de lirio, y me invita a imaginar que en las cuencas de tus rizos se perdieron los fugaces como restos de hojarasca entre la tierra.

3.3  Asimilas mi palabra al temporal, y esta voz trepida ondeante por tu bosque a pesar de sus afanes persistentes. Así habrán de amanecer veloz mensaje algunos vientos que la urdimbre de tus pasos en los puntos cardinales me provoca. Módica reunión del albor y del enigma, sólo tus sutiles pámpanos, que acarician azucenas, andarán a someter este planeta al imperio de tus arcos de certeza. Agradezca la creación este resguardo; agradezca la dulzura aquellos viajes que te lucen en los bucles y en la piel.

3.4  Mística espiral de caracoles, dejas correr las olas como el viento que pasa. Y cada cabellera se transcribe en ti con melancólico aspaviento de firmeza. Yo no sabría decir si aquella brisa vespertina alcanzaría a caminarte medianoche en la antequera esmeraldeada; si acaso habrás de suspirar por días o meses, semanas o años hacia la perla occidental a los volcanes; o si en el río sagrado fundarás la cúpula señera de  espirales y selvas espigadas.

3.5  Sólo acertaré a decir que, por tus rizos, la luna mueve en curvas nuevos rostros. Y que al sonar de un cascabel, en elíptica perfecta ascenderás hasta otros versos. Así es el infinito en tu cabeza; lleno de luz, de oscuridades y retornos. Mientras que abajo, mis ojos anhelantes, otra vez, escucharán la multitud de obturaciones de tus cabellos desenvueltos perturbando a estos rígidos abismos.

3.6  Sólo acertaré a cantar que, en tu transcurso, esta breve pluma vislumbra nuevos pasos. Y que al rociar de una burbuja, la helicoidal repetición de sombra y luz resaltará tus rizos apretados. Así está el curso en tres instantes compilado; los de tu faz, los de tu aroma, los de tu voz. Mientras que allá, mi palabra de heraldo y caminante declarará al destino: mulata conjunción de sus raíces la formó blanca con cabello abigarrado. 

jueves, 27 de febrero de 2014

Laberinto 38.2 Elegía de los rizos: Segunda elegía



§ 2. De las cabelleras magistrales o la gracia de los bosques siempre verdes

Para K

2.1  ¡Cómo quisiera aprender del brillo de estos rizos! Y que desde algún lejano e improbable salón de clases dividido en esperanza desvanezcan toda duda, como rayos de la mítica Parthenos que regalaba con olivos a los sabios. Pero siempre llegará el verano (ya se ha hecho permanente para mí) y las labores de los cultos cesarán entre razones de cansancios, vidas nuevas, cartapacios agotados o fulgores de abandono en esas aulas que auguraron toda dicha tras de sí. 

2.2  Mientras sigo cada pausa acanalada de tu cabellera magistral, sostengo el aliento. Entretanto que la luz abriga tu misterio de azabache, me pregunto desde cuándo el universo propagó hasta las cenizas su portento. Quizás no arriben abundantes sus decursos, ni en extremo ensortijadas sus carreras; pero en esta guerra por la paz tan anhelada, saber que sus ojos guardan, por acaso, alguna de mis letras, me consuela del dolor y las ausencias.

2.3  Admirando siempre desde lejos sus vaivenes, anticipo que otros ojos más humanos habrán de merecerlos para otoño. Nido de luz, tu cabellera nada con los días los compases del silencio que se quiebra en los sentidos de estos niños que nacieron con barreras. No llegará su senda a los mortales, ni surgirán treinta y tres vueltas de tuerca; pero el rumor de su alegría bastará a los oídos del Espíritu celeste.  Y sabremos que una parte de su risa ha nacido desde ti.

2.4  Como el árbol de ese monte que nunca pierde sus hojas en invierno, las magistrales cabelleras jamás perderán oscilaciones. En espiral abarcarán toda bondad, toda paciencia y ceñirán las mentes de razones.  Y cuando la palabra alada se cumpla en sus futuros, cuando el milagro nazca de tu corazón de savia, ninguna maldición hará efecto en tu interior de ámbar puro, pues todavía habrás de sostener con tus rizos al cansado y con tu risa a los enfermos.

2.5  Mira que el Eterno permitió la conjunción de verdes montes y ligeros signos sonrosados bajo el cenit del universo para hacerte. La unión de tierra y aire que permite en comunión complementaria de colores arribar a la perfecta dicha de tus ríos serpenteantes de bondades. Buscaré aún las palabras exactas para avistar hasta tu cielo.

2.6  Mira que los oídos de los sabios se sorprenden bajo el discurrir de tu belleza. Y ante la especie ligera de las hadas que sobrevuelan los sueños de los justos con barreras eres más bien reina y dueña de toda sabiduría y fortaleza. Entre tanta maravilla alada, sé que encontraré algún día la oculta casa de tus bosques siempre verdes. Sea, quizás, solamente para mirarte en silencio por la vez última, antes de partir hacia las nieves.

martes, 25 de febrero de 2014

Laberinto 38.1 Elegía de los rizos: Primera Elegía.


§ 1. De cómo una mujer con chinos no debe hacer caso de lo que la gente lacia le critique
Para Shu

1.1  Se dice que cada cabeza es un mundo, que en cada mundo hay ideas infinitas, que el infinito cabe en una cáscara de nuez. Yo he conocido incontables universos y, entre ellos, algunos de cabelleras desparpajadas, abundantes como selvas, atroces como amaneceres. Sus claroscuros me han robado (no en pocas ocasiones) la concentración, y las ideas se han puesto a maquinar mejores formas para cantar todas sus bondades.

1.2  Nunca, sin embargo, he logrado perderme en su filigrana de retruécanos masivos. Con todo, sus rizos fascinan por lo indómito de su voluntad, lo desconcertante de sus retornos en medio de humedades, lo natural de su cascadeo sobre los hombros y sobre los nombres. Permanecen brillantes para siempre, y en constante reformulación, debido a que carecen de la aerodinámica propia de los tejidos más moldeables, pero menos divertidos, de los lacios.

1.3  Por esta razón, por el movimiento perpetuo y el reacomodo constante de sus salvajes cabelleras, la mujer de rizos posee una sensibilidad especial para el cambio y la transferencia. Es un rasgo que domina su carácter y que le permite repensar en un santiamén cursos enteros de acción cuando se ve enfrentada a la inamovilidad de los destinos. No así los lacios, para quienes todo es engominado y perfecto, en quienes reposa una serenidad estática de frutos acicalados y moradas impermeables.

1.4  De modo que la diversidad de caracteres que se impuso en el principio de los tiempos por mor de la simetría en el universo, no debería obstaculizar el avance de las espirales y quebradas formas curvilíneas de la conciencia. En cambio, al aprender a resolver las diferencias, encontrarán que los unos contrarrestan los defectos de los otros. O, como bien dicen los que saben, que entre bellas y peinados las sobriedades absolutas nunca fueron elegantes.

1.5  Vale más, por tanta ciencia, reconocer las libertades de las ondas dulcemente entre los cielos, pues emulan el amplio discurrir de las riveras y la sabia discusión de los aéreos que nos empujan persistentes con seducción inescrutable a disfrutar revoloteos de juventudes y memorias ancestrales.

1.6  Vale más, por tantas artes, suspirar entre sus vuelos como el ave que, cantando, emula cientos de otras voces. Vale más pintar acciones que perduren en sus curvas de mosaicos infranqueables, como materia viva del cariño que profese un adecuado buscador de las permutaciones.