Brokenhearted
Construyó murallas alrededor de la inocencia, para no perderla; sin embargo, el estado de sitio tornó la defensa en perdición: muerta la inocencia en su interior, el fétido olor de los rencores amargó su corazón. Amurallada, se olvidó de la esperanza; amurallada aplastó a sus amantes; amurallada defendió su centro hasta que no fue más que sombras. Ruinas nada más.
Después de 1001 días de insistencia y consecuente negación, al fin he abierto las puertas a la abismal visión de estos Otros Laberintos. "Que entre el que quiera..."
miércoles, 27 de abril de 2011
jueves, 14 de abril de 2011
30 Laberinto
De la memoria
Llegué a París. Al cabo de 10 años, tal como lo habíamos previsto, llegué a París; pero nunca me acordé de ti en el trayecto. Fue sólo hasta ahora, media vida después, que recordé aquellos planes que no fueron. Y ahora pienso que en aquellos tiempos nunca creí sinceramente que llegaríamos juntos. ¡Menos mal! Por un momento pensé que, a tantos años de distancia, aún podrías arruinarme el viaje.
Llegué a París. Al cabo de 10 años, tal como lo habíamos previsto, llegué a París; pero nunca me acordé de ti en el trayecto. Fue sólo hasta ahora, media vida después, que recordé aquellos planes que no fueron. Y ahora pienso que en aquellos tiempos nunca creí sinceramente que llegaríamos juntos. ¡Menos mal! Por un momento pensé que, a tantos años de distancia, aún podrías arruinarme el viaje.
miércoles, 6 de abril de 2011
29 Laberinto
Mínima esperanza
Anduve perdido por los mares de cristal. Hubiese naufragado de no ser por tu sonrisa.
Anduve perdido por los mares de cristal. Hubiese naufragado de no ser por tu sonrisa.
sábado, 2 de abril de 2011
28 Laberinto
Hace mucho, mucho tiempo, se escuchaba la leyenda de un hombre que se convirtió en árbol para darle sombra a una princesa. Cada vez que ella se sentaba bajo su sombra, el árbol movía sus ramas, produciendo una fresca brisa que tranquilizaba a la princesa aún en medio de sus peores problemas. Árbol y bella crecieron juntos, hasta que el mundo dejó de recordar su historia.
sábado, 12 de marzo de 2011
27 Laberinto
Terminaba de picar la fruta en la cocina cuando el cielo enrojeció. No se trataba de una de aquellas señales antes del fin: un cargamento de manzanas caía desde la autopista a velocidad newtoniana. Más de uno, allá afuera, aquí abajo, recibió la misma iluminación que el físico teórico pero en cantidades industriales. En su momento las autoridades ignoraron el suceso.
Poco después las noticias anunciarían la instauración de la Agencia Nacional de Investigación Espacial (ANIE). Los reporteros se preguntaban cómo un país en vías de desarrollo había podido producir tantos físicos e ingenieros como por generación espontánea. La opinión pública sospechó del presidente un ardid publicitario.
No pasó un año cuando la primera misión del transbordador "Guavirana'a" era lanzada desde un cabo artificial improvisado en las orillas del Río. Los ecologistas boicotearon la operación más de tres veces, sin resultados favorables. El avance de la civilización sobre la selva-madre parecía inminente.
Lo que no sabían los insumisos, ni los medios, ni la población en general, era lo que se avecinaba al regreso del Guavirana'a: quince días después del lanzamiento tuvimos lluvia. Después de eso, la tierra, allá afuera, se abrió y escupió manzanos. La capital se cubrió de verde en cuestión de horas. El tráfico se desmoralizó y la civilización miró con horror la devastación de sus solares y edificios privados. Entre el caos, el director de la ANIE ofreció una conferencia de prensa.
"Nos sentimos orgullosos de presentarles el futuro de nuestra generación. Gracias a la manipulación de las capas más finas de la atmósfera durante la misión del Guavirana'a, hemos podido cumplir el sueño utópico de una sociedad del conocimiento. No sufrirá más nuestra nación por el retraso tecnológico ni la falta de investigación científica. Estaremos, además, asegurados contra las catástrofes climáticas que se avecinan en el resto del continente", dijo con firmeza y aún con alegría, el Ingeniero. Algún reportero corto de vista se aventuró a preguntar entonces a qué se refería con esa póliza de seguro de la que hablaba. Quién la había autorizado. Con qué recursos se había comprado. Una sonrisa lacónica se dibujó en la cara del Director. En un tono condescendiente respondió: "Me refiero, por supuesto, a los manzanos, joven. La generación de genios está íntimamente ligada a sus frutos. Lo que este equipo de investigación ha hecho posible es replicar las condiciones necesarias, que hasta ahora parecían ser irrepetibles, para crear grandes pensadores por el simple hecho de recibir la precipitación de una de estas preciosidades rojas en la bóveda craneal. Un método infalible, si me lo pregunta."
Al escuchar esto, la comunidad mediática congregada en la sala soltó una sonora carcajada. Pero la impavidez del Director la acalló tan rápido como si tuviese el poder de dominar las mentes de todos los presentes. Dicho esto, el hombre y su equipo de trabajo salieron de la sala ante la sorpresa de las cámaras y los bolígrafos. A pesar de la perspicacia de los incrédulos una nueva era comenzaba: pronto hubo una sobreproducción de genios en el país, seguida por la preocupación de la comunidad internacional que, lideradas por la potencia en turno, decidió desmembrar al Estado.
Todas sus acciones, sin embargo, carecieron de efectividad pues la selva se había apoderado del territorio y de sus pobladores. Comenzaba, en cambio, a extenderse hacia otros territorios. Fue entonces cuando los países vecinos decidieron dar parte de guerra. Tres días después el mundo terminaba. No sabemos más acerca de esa humanidad. Ojalá todavía nos escuchen desde el Gran Sur, aunque estén perdidos entre la maleza.
Poco después las noticias anunciarían la instauración de la Agencia Nacional de Investigación Espacial (ANIE). Los reporteros se preguntaban cómo un país en vías de desarrollo había podido producir tantos físicos e ingenieros como por generación espontánea. La opinión pública sospechó del presidente un ardid publicitario.
No pasó un año cuando la primera misión del transbordador "Guavirana'a" era lanzada desde un cabo artificial improvisado en las orillas del Río. Los ecologistas boicotearon la operación más de tres veces, sin resultados favorables. El avance de la civilización sobre la selva-madre parecía inminente.
Lo que no sabían los insumisos, ni los medios, ni la población en general, era lo que se avecinaba al regreso del Guavirana'a: quince días después del lanzamiento tuvimos lluvia. Después de eso, la tierra, allá afuera, se abrió y escupió manzanos. La capital se cubrió de verde en cuestión de horas. El tráfico se desmoralizó y la civilización miró con horror la devastación de sus solares y edificios privados. Entre el caos, el director de la ANIE ofreció una conferencia de prensa.
"Nos sentimos orgullosos de presentarles el futuro de nuestra generación. Gracias a la manipulación de las capas más finas de la atmósfera durante la misión del Guavirana'a, hemos podido cumplir el sueño utópico de una sociedad del conocimiento. No sufrirá más nuestra nación por el retraso tecnológico ni la falta de investigación científica. Estaremos, además, asegurados contra las catástrofes climáticas que se avecinan en el resto del continente", dijo con firmeza y aún con alegría, el Ingeniero. Algún reportero corto de vista se aventuró a preguntar entonces a qué se refería con esa póliza de seguro de la que hablaba. Quién la había autorizado. Con qué recursos se había comprado. Una sonrisa lacónica se dibujó en la cara del Director. En un tono condescendiente respondió: "Me refiero, por supuesto, a los manzanos, joven. La generación de genios está íntimamente ligada a sus frutos. Lo que este equipo de investigación ha hecho posible es replicar las condiciones necesarias, que hasta ahora parecían ser irrepetibles, para crear grandes pensadores por el simple hecho de recibir la precipitación de una de estas preciosidades rojas en la bóveda craneal. Un método infalible, si me lo pregunta."
Al escuchar esto, la comunidad mediática congregada en la sala soltó una sonora carcajada. Pero la impavidez del Director la acalló tan rápido como si tuviese el poder de dominar las mentes de todos los presentes. Dicho esto, el hombre y su equipo de trabajo salieron de la sala ante la sorpresa de las cámaras y los bolígrafos. A pesar de la perspicacia de los incrédulos una nueva era comenzaba: pronto hubo una sobreproducción de genios en el país, seguida por la preocupación de la comunidad internacional que, lideradas por la potencia en turno, decidió desmembrar al Estado.
Todas sus acciones, sin embargo, carecieron de efectividad pues la selva se había apoderado del territorio y de sus pobladores. Comenzaba, en cambio, a extenderse hacia otros territorios. Fue entonces cuando los países vecinos decidieron dar parte de guerra. Tres días después el mundo terminaba. No sabemos más acerca de esa humanidad. Ojalá todavía nos escuchen desde el Gran Sur, aunque estén perdidos entre la maleza.
lunes, 28 de febrero de 2011
26 Laberinto
Las orugas siempre prefirieron las monocotiledonias de hoja peciolada; pero el saltamontes acabó con todos los tallos y se marchitaron. Por eso, cuando fueron esqueléticas mariposas, se amafiaron como perfectos kamikazees para hacer que el dueño del jardín le rociara la lata de insecticida a la colonia de grillos. En alas, la revolución perfeccionó la magnificencia del jardín.
domingo, 27 de febrero de 2011
25 Laberinto
"¿Irías conmigo al mar? Pero te advierto que quizás se queden anudados nuestros pies en esas aguas" dijo Calipso y yo la amé por siete años.
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